lunes, 9 de junio de 2014

Inviernos constantes.

Dudas si seguir para delante cuando tienes al error a un palmo mirándote de frente; apuntando. Hemos llegado al punto, en el que el fuego no nos termina ni quemando y el tic-tac del reloj lo termina escupiendo. Hemos andado tanto, hemos pasado de tanto... Ya perdí las formas, las ganas y el tiempo. Le has quitado el timón al barco; este verano me va a saber a invierno...Y es que hoy por hoy estás tan lejos, que.me lo enciendo y me olvido o me enfrento y me apago. Es otra noche más nublada en la que paso buceando. Te hablaría claro... pero tu mirada me acaba tapando la boca y no veo más allá del relámpago.

Dejarte caer de espaldas por el precipicio con la mirada clavada en aquellos ojos que te siguen mirando pero no te ven; ni te ves en ellos de la misma forma que antes. Ya no hay término medio. La lluvia ya no nos empapa, ni el roce nos calienta, ni el tiempo importa. Todo está congelado. Ya no somos luz, ni primavera, ni aire. Sólo somos madrugadas paralelas entre líneas escritas en una misma libreta que ninguno se molesta en leer esperando que así amaine la tormenta, que el frío pase y que la luz de los relámpagos deje de cegarnos... dejándonos volver a vernos.

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